Testimonio 1

 

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Raquel Pozo.

(Miastenia gravis – julio 2015)

 

Hola mi nombre es Raquel y ahora tengo 42 años. Hace 10 años que empezó mi camino junto a una miastenia gravis que marcó mi vida en un antes y un después y junto con la que he aprendido grandes lecciones de vida. Si echo la vista atrás me doy cuenta del camino tan difícil que he recorrido, tan duro para mí y para mis seres queridos, y a la vez todo lo maravilloso que en ese camino he descubierto, cómo ha traido de la mano los mayores regalos de vida que ni siquiera yo hubiera podido imaginar.

Antes de llegar mi miastenia yo era una joven vital y soñadora, con un ansiado puesto de profesora de secundaria recién estrenado, enamorada de mi profesión y con un montón de ilusiones por delante. Pero la vida es como es y nos sorprende con retos insospechados y ese primer año de profesora acabé mi curso escolar a duras penas, sin poder casi hablar, con un párpado que se caía, y un cansancio cada vez más acusado. Ya nunca más me incorporé a mi instituto. Pasé casi un año de médicos en médicos con una sintomatología cada vez más diversa como dificultad para masticar y tragar, visión doble… probé muchos tratamientos distintos, fue un año muy angustioso hasta que por fin dimos con un diagnóstico acertado. No os podéis imaginar que casi me desmayo cuando lo supe, una enfermedad rara, autoinmune, crónica, que se caracteriza por debilidad muscular en los músculos voluntarios y cansancio extremo, y cuyo tratamiento con la medicina alopática es puramente sintomático. Poco a poco fuimos conociéndonos mi miastenia y yo. Por ejemplo supe con el tiempo que las medicinas no me libraban de los síntomas, sólo los suavizaban un poco. Supe que el futuro de las personas con miastenia gravis es incierto, en la medida en que para cada persona la enfermedad puede desarrollarse con sintomatología muy diversa, y para algunas la enfermedad puede llegar a ser muy limitante necesitando incluso ayuda para respirar. Comprendí que la enfermedad no es sólo del enfermo, sino que salpica de sufrimiento y preocupación a toda la familia y seres queridos.

En el plazo de un año mi miastenia se generalizó, la debilidad muscular se extendió a mis extremidades y tareas tan sencillas para cualquiera como peinarse, comer o subir escaleras llegaron a ser un reto diario para mí. Estuve varios meses casi sin poder hablar, apenas podía comer purés, mi cara estaba casi sin expreción, no podía sonreír, mi cansancio era tan extremo que si paseaba durante 10 minutos tenía que echar una siesta para reponerme, no tenía fuerza en las manos para abrir con llave la puerta de mi casa y en una ocasión me atraganté y no podía toser para escupir el bocado, realmente casi me ahogo por este accidente… decidí que ya no podía vivir sóla, y me mudé de nuevo a casa de mi madre.

Comenzamos una búsqueda por las terapias alternativas con la esperanza de encontrar algo que me ayudase a salir de este estado, y así fue como apareció la macrobiótica. Comencé a practicar una dieta curativa que acelerase mi mejoría cuanto antes. Era una dieta de alimentos naturales y muy sencilla. Me costó acostumbrarme a los nuevos sabores más simples y mi madre y yo pasábamos los días leyendo, estudiando recetas y practicando en la cocina casi todo el tiempo. En el plazo de 1-2 meses empecé a notar cambios, tenía más energía, mis sentidos se afinaron, mis digestiones mejoraron y mi extreñimiento desapareció. Y aquí empezó un camino de mejoría con altos y bajos en el que todavía continúo.

Me planifiqué una vida enfocada para recuperar mi salud, cada día hacía un paseo suave, practicaba meditación y visualización positiva, recibía un tratamiento de acupuntura con 3 sesiones semanales, practicaba mi tratamiento con macrobiótica, y leía y estudiaba todo lo que podía sobre el cuerpo, la medicina oriental y la macrobiótica. Realmente tenía fe  en que mi cuerpo iría encontrando la manera de recuperarse. Mi motivación más grande era volver a tener el cuerpo de una mujer joven, en vez de el de una anciana de 90 años que era así como me sentía, poder llevar de nuevo la alegría a mis padres y hermanos, y poder tener un hijo con mi marido y así poder ofrecerle una vida juntos mejor.

Al cabo de un año de práctica la enfermedad se frenó, no aparecieron nuevos síntomas y yo sentía leves mejorías en mi estado general. Al cabo de tres años de práctica realmente fue cuando noté un cambio espectacular. Desapareció totalmente la debilidad muscular en brazos, manos y piernas, ya podía comer y tragar todo el tiempo con casi absoluta normalidad, apenas tenía dificultad para hablar y mi vitalidad era estupenda. A veces sentía algunos síntomas cuando estaba muy cansada o estresada pero si de nuevo descansaba me recuperaba.

Además de la macrobiótica y la acupuntura en este punto comprendí que tendía que ahondar en los aspectos emocionales de mi enfermedad y comencé una formación en Constelaciones Familiares  que duró tres años. Un periodo de análisis y crecimiento personal en el que fui acompañada por el mejor de los equipos terapéuticos en Sevilla. Junto a ellos pude también desatascar los enredos emocionales en los que estaba inmersa y también mi enfermedad mejoró enormemente. Recibí regalos de vida en esta formación que no puedo describir con palabras.

A los seis años ya había recuperado casi todo el peso que perdí, me encontraba con mucha fuerza y me sentía muy saludable, prácticamente curada. Me quedé embarazada y mi marido y yo comenzamos una etapa nueva con la llegada de nuestro pequeño hijo al que di a luz en un parto natural y amamanté durante un año. Durante la última etapa del embarazo y el primer año de vida de nuestro hijo estuve totalmente asintomática y no tuve necesidad de medicarme ni de acudir a la acupuntura para mantener mi estado. Tan sólo seguía practicando mi dieta macrobiótica que a estas alturas ya era muy abierta y deliciosa. Fue una etapa maravillosa, y realmente pude comprobar todo lo que mi cuerpo era capaz de soportar sin caer en la enfermedad, ya sabéis a lo que me refiero las que sois mamás, un año entero sin dormir lo suficiente, sin comer lo suficiente, con estrés, con desorden, con el biorritmo del bebé que es tan agotador para nosotras… y lo pude hacer igual que cualquier otra madre. Esto fue un regalo increíble para mi.

Después de 8 años de práctica macrobiótica me siento con salud. La salud necesaria para vivir con una buena calidad de vida, que es lo que cuenta. Es verdad que mi miastenia sigue apareciendo en los controles médicos pero yo apenas pienso en ella durante mi día a día, apenas tengo que apoyarme en la medicación y por largos periodos puedo pasar sin el apoyo de la acupuntura. Bueno, también es verdad que a veces me recuerda que sigue viviendo conmigo y entonces retomo con más esmero mi cuidado. Yo me siento una persona sana.

Mi agradecimiento a la macrobiótica es tan enorme, tan inmenso y mi compromiso es tan grande que junto con mi madre decidimos crear el espacio “La Crisálida, Instituto Macrobiótico de Andalucía” y el blog “Aprendiendo Macrobiótica” para dedicarnos a promover el estilo de vida macrobiótico y devolver a la vida un poco del bien que nosotros hemos recibido acompañando a otras personas en este camino.

Aprovecho estas líneas para agradecer enormemente a todas las personas que me acompañaron y me ayudaron en esta etapa, en especial a mi madre y a mi marido.

En nuestro blog “Aprendiendo Macrobiótica” está publicada una versión de este testimonio más detallada. Para todas aquellas personas que quieran preguntarme alguna cosa o contactar conmigo pueden hacerlo a través de nuestro correo info.lacrisalida@gmail.com.

Un saludo y gracias por estar ahí.

/Raquel.

Visita nuestro Blog “Aprendiendo Macrobiótica” para leer más testimonios.

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